Si imaginamos una ciudad monumental, bañada por un río anchuroso y célebre, donde la historia ha sido en ocasiones cruel pero que el paso del tiempo ha sabido curar las heridas; si pensamos en una urbe repleta de baños termales, añejos cafés, confiterías con solera, puentes colosales y mercados tradicionales, entonces estamos hablando de Budapest.

Efectivamente, la capital húngara ha sabido sacarle partido al Danubio, puesto que ambas orillas de la ciudad -declaradas Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO- son igualmente interesantes, algo que no ocurre en todas las urbes. Por un lado, Buda -la ciudad de los nobles-, que fue capital de Hungría entre los años 1241 y 1873, se eleva sobre el río con su majestuoso Palacio Real coronando lo alto de la colina.
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