Riga, capital de Letonia, nos obsequia su estampa más hermosa cuando a principios de un gélida primavera deambulamos por las nevadas calles del centro histórico.

Un espeso manto blanco ha cubierto tejados, adoquines y plazas, pero la coquetería de muchas mujeres vence a los rigores del clima porque éstas siguen calzando zapatos de vertiginosos tacones; no se caen ni resbalan, marcando así un paso seguro y muy femenino. Tampoco cesa el tráfico de la calle 11 Novembra Krastmala ni el ajetreo de la estación central de autobuses. A Riga no la detiene ni las nevadas más copiosas.
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