“Dios creó la Tierra y Holanda la crearon los Holandeses”. Con esta máxima tan aguda podemos hacernos una idea de cómo es este pequeño país en el que más de la mitad de su territorio se encuentra por debajo del nivel del mar. Por medio de molinos, diques, trabajos de drenaje, canales, etcétera, los holandeses se esfuerzan desde el siglo XI por ganar tierra al mar en las zonas de marismas que sufren periódicas inundaciones.

La orografía es eminentemente llana, saturada de campos verdes, con ausencia de colinas excepto en el sureste. La misma imagen, tan idílica como monótona, se repite a todo lo largo y ancho del país: vacas, puentes, canales, tulipanes, molinos, ciudades ordenadas, casitas por aquí y por allá, millones de bicicletas, lluvia por doquier…
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