Un capricho de la Naturaleza
Partiendo de San Salvador de Jujuy dirección norte, primero por asfalto y más adelante a través de una pista de ripio y alcanzando los
Pero también hay lugar para las planicies áridas donde despuntan gigantescos cactus cardones y aparecen amplios cauces ahora secos en los que, cuando el cielo se convierte en un furioso mar, resurgen los llamados “volcanes”, terribles riadas de caudal enloquecido que arrastra piedra y lodo, corta carreteras y, a veces, se cobra víctimas mortales.
Y precisamente viajamos al norte de Argentina en esta inoportuna época de lluvias torrenciales; no por capricho, sino por no disponer de otras fechas más propicias. Este hecho hace que día tras día sigamos la evolución de las nubes con cierta intranquilidad, especialmente cuando nos encontramos en plena alta montaña, por encima de los cuatro mil metros de altitud. Dentro de unas semanas sabremos lo que aquí significa una tormenta…
Pero vayamos por partes.
Los desfiladeros pueden llegar a ser perdedores, pero siempre se prestan a que uno vaya a descubrirlos. No faltan las ruinas incas, ni una población mayoritariamente indígena, pobre y humillada desde hace quinientos años. Hay pueblitos con casas de adobe donde parece que el tiempo se ha detenido: Tilcara, Purmamarca, Tumbaya, Humahuaca, Maimará… Las empanadas, ya sean de queso o carne, son sabrosísimas, y los mercadillos de los indios colla un gusto para los sentidos.
El desierto da paso a la puna -característica meseta de los Andes-, donde se asientan poblaciones como Abra Pampa o
Una vez más, retumba el trueno y se despliegan cortinas de lluvia en el amenazador horizonte, presagiando así la inminente llegada de unos aguaceros convertidos en diluvios.
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