Primavera en Riga
Riga, capital de Letonia, nos obsequia su estampa más hermosa cuando a principios de un gélida primavera deambulamos por las nevadas calles del centro histórico.
Un espeso manto blanco ha cubierto tejados, adoquines y plazas, pero la coquetería de muchas mujeres vence a los rigores del clima porque éstas siguen calzando zapatos de vertiginosos tacones; no se caen ni resbalan, marcando así un paso seguro y muy femenino. Tampoco cesa el tráfico de la calle 11 Novembra Krastmala ni el ajetreo de la estación central de autobuses. A Riga no la detiene ni las nevadas más copiosas.
Para nosotros es un regalo caído del cielo estos oportunos copos, pues sabemos que este hecho enriquece no sólo a la fotografía, sino también al viaje en sí. Este es el Báltico que hemos venido a buscar…, el más frío y desapacible que podíamos encontrar.
Una semana entera para descubrir Riga da para bastante, incluyendo el distrito Maskabas, que ha pesar de su mala reputación ofrece la posibilidad de admirar un conjunto urbano de la época soviética, nada deslumbrante pero sí de interés desde el punto de vista histórico. La imagen sobre el anchuroso río Daugava es espléndida, y los paseos en cualquiera de los grandes espacios verdes resultan de lo más agradable.
Pero es el casco antiguo -Patrimonio Mundial por
El centro neurálgico del casco antiguo -protagonista de fotografías y miradas foráneas- es sin lugar a dudas Ratslaukums (Plaza del Ayuntamiento), donde se levanta la ornamentada Casa de las Cabezas Negras, frente a la estatua de Roland y el Ayuntamiento. Muy cerca está el instructivo Museo de
No falta el Art Nouveau -uno de los ejemplos más completos de Europa tiene lugar aquí, en Riga-, ni la típica zona nueva, donde hallaremos galerías comerciales al estilo occidental. El Mercado Central es el más antiguo y uno de los más grandes de Europa, ubicado en el interior de unos hangares para zeppelines. También resulta curioso echarle una ojeada al museo aeronáutico -junto al aeropuerto-, magnífico espacio al aire libre para contemplar viejas reliquias del Ejercito Rojo.
En resumidas cuentas, la capital de Letonia merece ser saboreada con sosiego y tiempo si queremos descubrir todos sus rincones, incluso aquéllos que no aparecen en las guías. Y cuando estemos a punto de abandonar la ciudad, seguro que no nos resistiremos a un último paseo por el barrio antiguo para añorar algo que ya comienza a pertenecer a nuestro pasado más inmediato.
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