Países Bajos
“Dios creó
La orografía es eminentemente llana, saturada de campos verdes, con ausencia de colinas excepto en el sureste. La misma imagen, tan idílica como monótona, se repite a todo lo largo y ancho del país: vacas, puentes, canales, tulipanes, molinos, ciudades ordenadas, casitas por aquí y por allá, millones de bicicletas, lluvia por doquier…
Viajamos por los Países Bajos para, entre otras cuestiones, conocer de primera mano la modernidad y riqueza de la que con discreción hacen gala. No tardamos en percatarnos del poder económico que poseen los holandeses, ya que no es raro ver -incluso en pequeñas poblaciones- un buen número de empresas a pie de carretera y una actividad frenética en Rótterdam y alrededores. No cabe duda de que Holanda es uno de los países más prósperos del mundo, y esa riqueza se ha traducido en una red ferroviaria envidiable, en bienestar social, en alto poder adquisitivo y todo ello pese a la desaceleración económica actual.
Las ciudades que vamos dejando atrás a lo largo del viaje son acogedoras y hermosas, o como poco agradables. Maastricht es afamada por el Tratado europeo de 1992;
Pero ante todo, los Países Bajos es un lugar sumamente cómodo para el viajero. El transporte público es eficaz, rápido y llega a todas partes. Sus gentes suelen ser abiertas y hablan un inglés a la perfección, comparten nuestra moneda y existen campings y alojamientos para todos los gustos. De acuerdo, no deja de ser Europa y muchos echarán en falta el exotismo de otros países remotos, pero ¿por qué obviar nuestro viejo continente si tiene muchas cosas que ofrecer?
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