En los techos de Ecuador
Nuestro periplo en Ecuador comienza en el casco antiguo de Quito, declarado Patrimonio Mundial por
Más tarde toca conocer el resto de la capital; la zona moderna, no tan interesante pero siempre animada, y un cerro próximo de más de
Y así es, hemos venido a Ecuador por motivos alpinísticos, con el primordial propósito de alcanzar sus más altas cumbres; cuantas más, mejor. Claro que para ello -y por suerte- tenemos que adentrarnos en la selva unas veces, y otras atravesar desolados altiplanos o recorrer extraños parajes volcánicos.
Vamos de un lado a otro del país a bordo de arcaicos y abarrotados autobuses, siempre en contacto con la población local. Dormimos en sencillos hostales escandalosamente baratos para nuestras economías, y eso que nunca vamos sobrados de dinero. Visitamos coloridos mercados, ciudades (Latacunga, Baños, Ambato, Riobamba…) y algunas remotas aldeas donde se hace patente la miseria que padece el pueblo indígena.
Pero es en la montaña donde pasamos más tiempo, acostumbrándonos a la falta de oxígeno debido a las considerables alturas por las que nos movemos. Son jornadas que comienzan bastante antes de que rompa el alba; siempre adormilados avanzamos bajo la luz de nuestras linternas frontales, soportando temperaturas extremadamente gélidas, cuando no soportando los rigores de un viento terrible por encima de los cinco mil metros de altitud.
Sí, son días duros y agotadores, pero son de esos que dejan huella, de los que te hacen tomar conciencia de que estás en el lugar exacto y en el momento oportuno que tú has elegido. Vives la vida al máximo, simplemente porque el alpinismo es vida.
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