Nuestro periplo en Ecuador comienza en el casco antiguo de Quito, declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO. Los primeros pasos por esta histórica zona sirven para adentrarnos en un mundo que se nos antoja de lo más exótico. Bien es verdad que el constante bullicio puede ser un inconveniente -miríadas de personas, el humo de los autobuses, ruido y más ruido…-, pero también es cierto que el ambiente indígena, el aroma que fluye de los puestos callejeros y los inimaginables artículos que se pueden comprar -por ejemplo ataúdes expuestos en plena calle- nos seduce desde el primer día.

Más tarde toca conocer el resto de la capital; la zona moderna, no tan interesante pero siempre animada, y un cerro próximo de más de 3.700 metros, desde cuya cima tenemos la ciudad a nuestro pies y, cerrando el horizonte, los espectaculares nevados a los que nos vamos a enfrentar en días posteriores.
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