Bella Toscana (I)
Viajar a
Nosotros no somos una excepción, y hemos escogido como objetivo principal los hitos arquitectónicos más destacados de estas tres ciudades. Tanta es la cantidad que abruma, y eso sin contar los innumerables museos que pueden visitarse. No es de extrañar, pues, que haya gente que ha sufrido el denominado síndrome de Stendhal, como ya le ocurrió al célebre escritor francés. Se trata de una crisis de ansiedad por el cúmulo de hermosos monumentos con los que a cada paso se encuentra el viajero. Y no es broma, esto le ha sucedido a más de uno.
Florencia ya es por sí sola un canto a la belleza más deslumbrante. Miguel Ángel, Giotto, Botticelli o Brunelleschi se encargaron que así fuera. Paseando por la capital del Renacimiento no tardamos en toparnos con la catedral Santa Maria Del Fiore, cuya majestuosa presencia corta la respiración. Y no es para menos. Su fachada de mármol resplandece bajo un sol mediterráneo al que pretende llegar el vertiginoso campanile de
No nos hemos recobrado de la admiración de la catedral, que ya aparece un museo al aire libre:
Pero todavía hay más, mucho más: las chiesas de Santa Croce -aquí es donde Stendhal estuvo a punto de desmayarse-, Santa Maria Novella, San Miniato al Monte, San Lorenzo, además de un puñado de palazzos y no sé cuantos museos más.
Florencia es tan sublime, tan sumamente arrebatadora que ni siquiera las hordas de turistas consiguen ensombrecerla. Florencia brilla con luz propia incluso en los días brumosos. Por eso, Florencia siempre resplandecerá en nuestra memoria.
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