El Proís de Santo Domingo
Es enero y nos encontramos en la isla de
El asfalto serpentea por capricho de estas abruptas vaguadas en las que, como indica su accidentada orografía, el agua corre con furia inusitada en días de tormenta. Y son muchos, muchísimos los barrancos que vamos sorteando, los cuales descienden vertiginosamente de las altas cumbres para morir en el mar sin que haya ninguna planicie o valle transversal de por medio. Más adelante aparecen plantaciones de plataneras, formando una inmensa alfombra verde que se extiende por el litoral, entre la carretera y el océano. Tenagua, Mirca, Puntallana… son pequeñas localidades que vamos dejando atrás.
Hacemos cambio de vehículo en Los Sauces, y en un minibús ocupado por sólo cinco pasajeros, que amenizan el trayecto hablando de un vecino que recientemente se ahorcó y de otro que murió envenenado, arribamos a la aldea de Santo Domingo de Garafía. Hace viento y frío, llueve con ganas y pocos son los que se dejan ver por la calle.
Caminamos con el vendaval de cara, primero por una maltrecha pista y luego tomando unos atajos que discurren entre cornicales, tabaibas y cardones, siempre en franco descenso y con la mirada puesta en un mar que se muestra de muy malas pulgas. Nos asomamos con prudencia sobre los oscuros acantilados que, majestuosos, se levantan por encima del encrespado Atlántico. El espectáculo es sobrecogedor: un intenso oleaje choca con violencia contra el vertical islote de Tabaibas, en cuya base hay una cueva que comunica ambas vertientes. Hacia el norte se despliega el alargado Roque del Guincho, y hacia el sur está el escarpado Roque de Santo Domingo, frente a la homónima punta. No tardamos en llegar al mirador del Serradero, obteniendo una incomparable vista de los islotes y la costa que, hacia una dirección y otra, se muestra tan atormentada como salvaje. La emoción que nos embarga es indescriptible.
Final del trayecto. Con un clima muy adverso que acentúa lo remoto del lugar, descubrimos unos viejos almacenes excavados en la roca, donde antaño se comerciaba e incluso la gente se embarcaba para trasladarse a Santa Cruz de
Aparece el rayo y retumba el trueno. Graniza por momentos. Es hora de marchar.
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