Viajamos por el más pequeño de los países bálticos a bordo de unos autocares algo desvencijados y donde la falta de aire acondicionado nos hace sudar la gota gorda. El país es eminentemente llano, saturado de campos, bosques y humedales que se alternan en un paisaje monótono salpicado de granjas y diminutas poblaciones donde aún pueden verse numerosas viviendas de madera.

Haapsalu (12.000 hab.) se halla en una estrecha península a orillas del mar Báltico y alrededor de un lago. El casco antiguo es una sucesión de coloridas casas de madera y silenciosas calles que ahora se encuentran patas arriba y polvorientas por estar en obras. Más en ruinas está el interesante Castillo del Obispo. La estación de tren, donde puede verse el Museo del Ferrocarril y una serie de antiguas locomotoras, nos sirve de punto de partida para tomar otro bus y continuar el viaje.
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